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El auge de la moda wearable a través de cinco accesorios curiosos que permiten desde envolver el cuello con la propia cadena de ADN hasta expresar emociones a través de un par de orejas de gato

Dot one es una compañía ideada por la diseñadora Iona Inglesby, una empresa cuyo nombre está inspirado por el detalle de que todos los seres humanos comparten en un 99,9% el código genético, un dato que implica que lo que realmente hace especial a cada persona es un minúsculo 0,1%de dicho código. En Dot one trabajan junto a AlphaBiolabs para analizar el ADN del cliente, extraer del mismo varias secuencias repetidas y sus variaciones (denominadas microsatélites o short tandem repeat), asignar a dichas secuencias un número basado en sus características moleculares y emparejar cada uno de esos números un color para obtener finalmente como resultado una huella genética particular, exclusiva e irrepetible del individuo. Y con ella hacen una bufanda para el cliente. O un póster. La gracia de Dot one consiste en traducir el código genético en bonitas secuencias arco iris que uno puede colgar en su habitación o llevar enredadas al cuello, porque la ciencia en el fondo se inventó para esto.

Peekiboo es un proyecto que propone combinar ropa para bebé y tecnología para hacer la vida más sencilla a los padres temerosos. La idea es simple: un gorro para la criatura que contiene una cámara con la que es posible contemplar el mundo desde el punto de vista del pequeño. La particularidad es que dicha cámara está planeada para sacar instantáneas al detectar actividad en las ondas cerebrales del bebé, algo que podría implicar tener una colección de momentos encantadores inmortalizados durante los cuales el pequeño se ha emocionado pero también unas cuantas estampas de situaciones menos elegantes que requieran de una profunda actividad cerebral, como la hora de sentarse en el trono.

En Bompas & Parr se dedica a tontear con la cocina experimental y también a aliarse con terceros para llevar a cabo proyectos inusuales. Y puede que la más interesante de estas empresas paralelas haya sido la que les ha llevado a combinar el mundo de la joyería y el de la ciencia para inventar unabalorio muy poco común: un collar vivo. La pieza, creada en colaboración con el estudio Goldie Rox y el científico Simon Park, se denomina The mermaid luchbox y contiene encapsulados a un puñado de dinoflagelados microorganismos unicelulares conocidos por su condición de algas bioluminescentes, que emiten un pequeño destello azul neón con cada bamboleo. Por lo visto el brillo de las algas dura hasta unas tres semanas y desde Bompas and Parr se comprometen a enviar repuestos aunque también advierten que hay que mimar a las criaturas que habitan en el collar y recuerdan que es indispensable alimentarlas como a una planta. The mermaid lunchbox se vende al competitivo precio de 2.800 dólares (unos 2.500 euros) algo que la propia compañía justifica rápidamente con un argumento más propio de ‘Men in black’: “Si lo piensas es cómo tener todo un pequeño mundo, todo un pequeño cosmos, encerrado ahí dentro”.

Cares of the graze tiene bastante menos de producto comercial, no está a la venta, y mucho más de proyecto artístico pero es posible interpretarlo como un pequeño vistazo a lo que podría ser el futuro. Se trata de un tipo de prenda, ideada por la diseñadora y arquitecta Behnaz Farahi, fabricada tirando de impresoras 3D e inspirada por la manera en la que la piel animal reacciona de manera involuntaria a los estímulos externos. La creación de Farahi se presenta como un armazón, similar a lo que vienen a ser las escamas de un pez, de arquitectura flexible que está programado parareaccionar de manera dinámica a su entorno.

Lo de Necomimi, el gadget que se autodenomina a sí mismo como brainwave cat ears, es algo más inquietante al tratarse de uno de esos productos que plantea muchas dudas sobre la estabilidad mental de sus clientes potenciales. Un par de orejas felinas electrónicas, disponibles en varios colores, que se plantan en la cabeza y supuestamente interpretan con diferentes movimientos las ondas cerebrales. Dice su publicidad que es un nuevo tipo de mecanismo de comunicación y anima a llevar el producto en la testa más allá de las convenciones de cosplay, durante la vida diaria. Y el mundo sigue teniendo razones para afirmar que en Japón todos siguen estando un poco locos y eso es fabuloso.

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