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Cuando llegamos a un determinado momento en nuestro desarrollo personal, nos damos cuenta de que para poder entendernos y entender lo que hay a nuestro alrededor, es esencial tener control y conocimiento sobre lo que ocurre en nuestra mente. Si no controlamos lo que pasa ‘allá arriba’, podríamos decir que nuestro barco va sin timón, navegando a la deriva a merced de cualquier cosa con la que pueda encontrarse.

Nuestra mente está abarrotada de cosas

Cuando comenzamos a meditar, nos hacemos conscientes de que, dentro de nuestra mente, conviven muchísimos pensamientos, creencias, imágenes, ideas, etc. Todas estas cosas protagonizan a su antojo nuestros momentos sin que nosotros podamos hacer nada. Cuando menos te lo esperas aparece algo en tu mente que nada tiene que ver con lo que estás viviendo en ese momento y se cuela con toda libertad, haciéndote perder la concentración y, en los peores casos, tiñendo el momento presente de preocupación o angustia.

 

Afortunadamente, con la meditación vamos corrigiendo poco a poco esa predominancia de la autonomía de los pensamientos indeseados. Además, fuera de meditación, somos capaces de llevar esa consciencia a situaciones en las que es necesaria.

De manera habitual, pocas personas se dan cuenta de esta disfunción mental que gobierna nuestra vida. Nos hemos acostumbrados a no estar presentes en nuestra mente y no nos damos cuenta de lo que allí está sucediendo. Afortunadamente, además de a través de la meditación, existen numerosas técnicas y herramientas, que nos llevan a encontrar la forma de ser capaces de controlar el material que entra en nuestro cerebro. Todas ellas nos ayudan a decidir dónde queremos poner nuestra atención eligiendo, por lo tanto, los pensamientos que permitimos que nos visiten.

Vista la necesidad de poner un poco de control en nuestra mente, veamos unos sencillos ejercicios, que si los practicamos con cierta constancia, conseguirán grandes mejoras en el dominio de ti mismo:

1. Practica la meditación: dedica 15 o 20 minutos al día al silencio interior o meditación. No necesitas, en principio, ninguna técnica en concreto. Solo es necesario que seas capaz de observar esos pensamientos que hacen acto de presencia en tu mente.

Siéntate cómodamente y después de hacer varias respiraciones profundas disponte a esperar el siguiente pensamiento que llegue a tu mente. Espera, no tardará mucho en llegar. Cuando llegué, hazte consciente de que está allí y obsérvele. Por ejemplo, si llega un pensamiento acerca de la reunión que tendrás más tarde en el trabaje, di: ¡Aquí está! ¡La reunión del trabajo! observa y déjalo partir. Disponte entonces a esperar al siguiente. Cuando llegue de nuevo lo observas y lo dejas partir. Sé consciente, al mismo tiempo, de los espacios que existen entre esos pensamientos.

De esta forma te convertirás por un rato en el testigo del juego de tu mente y habrás salido de la identificación que antes te hacía vivir de forma inconsciente.

2. Pon toda tu atención en una sola cosa: este ejercicio consiste en fijar toda nuestra atención, solo, en uno de los pensamientos que contiene nuestra mente. Es necesario mantener la atención durante, al menos, cinco minutos. Es normal que al principio el tiempo de concentración sea muy corto pero, si mantienes la constancia, el tiempo irá aumentando de forma progresiva. Podríamos decir que ejercitar la atención requiere, igual que en los músculos, un entrenamiento regular para obtener resultados visibles.

3. No pienses en nada: este ejercicio solo lo recomiendo cuando ya has conseguido cierta habilidad con los dos anteriores. Se trata de bloquear la entrada de pensamientos en la mente. En un principio solo conseguirás hacerlo durante breves instantes pero, como hemos dicho antes, poco a poco podrás mantenerte más tiempo, consiguiendo así,ser el dueño y señor de tu propia cabeza.

Si consigues combinar los tres ejercicios anteriores con los pequeños truquitos que te propongo a continuación, te aseguro que, además de mejorar el control sobre tu mente, proporcionarás una gran ayuda a tu cerebro para que despierte y active ciertas zonas que, hasta ahora, estaban dormidas.

4. Practica juegos mentales: si habitualmente practicas juegos mentales tipo sudokus o crucigramas conseguirás mejorar y poner en marcha tu actividad y agilidad cerebral. Así mismo, mejorará tu capacidad de concentración. No hace falta que lo practiques más de 15 o 20 minutos.

5. Cambia de mano: cambia la mano con la que realices determinadas actividades. Lávate los dientes con la mano contraria, o cambia la mano con la que llevas la bolsa de la compra. Esto conseguirá que en tu cerebro se establezcan nuevas conexiones.

6. Aprende algo nuevo: El hecho de aprender algo nuevo consigue que distintas áreas cerebrales se pongan en marcha. Prueba a aprender algún idioma, leer otro tipo de libros o aprende a patinar, cualquier cosa sirve. Activarás tu memoria y, de nuevo, tu capacidad de concentración aumentará.

7. Memoriza números de teléfono: Actualmente, con el uso de los teléfonos móviles, ya no necesitamos memorizar casi nada. El teléfono lo hace por nosotros mientras que nuestro cerebro aprovecha para atrofiarse… Intenta memorizar cada día varios número de teléfono, tu cerebro necesita material para ejercitar la memoria.

8. Haz listas de diferentes cosas: Puedes hacer listas de cosas muy diversas: de sitios que has ido a visitar, de personas que conociste haciendo un curso, de los mejores momentos de tu vida o de aquello que más te gusta comer, por ejemplo. Estas listas ayudan a aumentar la actividad cerebral y a hacer asociaciones de datos.

Si, además de practicar estos pequeños trucos, mimas a tu cerebro suministrándole el oxigeno que necesite, gracias a una buena respiración y los nutrientes adecuados a través de la alimentación, notarás múltiples beneficios. Se ha comprobado, gracias a diversos estudios, que para el cerebro son esenciales las grasas de pescado, frutos secos y aceite de linaza y oliva; inclúyelos en tu dieta y olvídate de las grasas saturadas.

No obstante, no tengas prisa, no te obsesiones y, de forma tranquila, intenta ir incluyendo algunos de estos ejercicios en tu día a día, y verás como poco a poco tu vida comienza a cambiar completamente. Cuando te conviertas en el dueño de tu mente podrás decidir por ti mismo y, nada ni nadie, tendrá la capacidad de influir en como te sientes o como decides.

Además, puedes combinar estos ejercicios para ejercitar tu mente con la meditación, que te mostrará el camino de la atención plena. Para ello puedes ayudarte del método Crear Salud, que no solo te guiará en la meditación, sino en la meta de conseguir llevar una nutrición correcta y una vida activa.

Anímate a probar la app Siente –que puedes descargarte aquí-. A partir de una metodología muy sencilla que combina el mindfulness y la Piscología Positiva, podrás aprender a entrenar tu mente y, en definitiva, a ser más feliz.

Fuente: este post proviene de Crear Salud, donde puedes consultar el contenido original.

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